Avanzada la década del 20′, entreverándose en medio de las numerosas y largas tropas de carros, tímidamente el camión hacía su aparición. El joven italiano Pedro Corradi llegó a Trelew con conocimientos de mecánica y pronto fue contratado como chofer por F. Pecoraro, que compró un Fiat para servicio de transporte.
Es interesante la trayectoria de Pedro Corradi dado que incursionó en distintas actividades, tuvo empresas de transportes de pasajeros, máquinas viales para construcción de caminos, agente de Ford, además tuvo casa de ramos generales, barraca y estancia.
Luis Guidetti, que fue chofer por largos años, recuerda a su padre como un mercachifle en automotor:
“A comienzos del año 1927 mi padre adquiere un camión Ford T. El vehículo será utilizado para recorrer el interior chubutense comprando pieles de zorro gris y colorado, gato montés, chulengo, pluma de avestruz y cueros de zorrino. Al propio tiempo vendía a la gente de campo artículos […]”.
Su trabajo lo llevó a recorrer los distintos caminos del Chubut: “[…] el señor Laureano López con casa de comercio […] tenía sus clientes de la campaña en las zonas de Río Chico, Kanquel, Meseta Cuadrada y había comprado un camión […], no tenía quien se lo manejara […], me ofrece trabajar con él […].
Comenzamos el transporte de lana y cueros de esa zona bastante poblada por pequeños ganaderos […] Algunas cargas se transportaban hasta Trelew […]”.
Refiriéndose a los años 30′ agrega:
“Buscando trabajo recorro las barracas de Trelew, depósitos de lana, cueros, pieles, etc., que conocíamos bajo la denominación genérica de “frutos del País”. En la barraca de don Ángel Bottaro, me encuentro con don Ángel Torres, que menciono como peón en La Anónima en Tecka. Para esta fecha se ha convertido ya en un fuerte comerciante y ganadero. Ocurre que ha comprado un camión marca Chevrolet, modelo 1929, […] con una capacidad de carga de 1000 kg. Su dilema es encontrar un chófer para su camión”.
“[…] Llevaban harina, frutas, hortalizas del valle, junto a comestibles en general, no faltaban los famosos quesitos “Chubut” […] Otro producto era el garbanzo cosechado en el valle […] La harina elaborada en los molinos de la zona […]”.
“También solía a mi llegada de Trelew, tener que salir con víveres para algún cliente de la casa de negocio de San Martín, regresando con carga de lana, cueros y pieles”.
A partir de la creación de Vialidad Nacional en 1930 y de la construcción de nuevas rutas, algunas de ellas exclusivamente para automotores (como el tramo entre Las Plumas y Paso de Indios por El Sombrero y la Subida del Guanaco), el transporte automotor se fue propagando. Los camioneros convivieron y compartieron la huella con los troperos a los que desplazaban, y de los que, tal vez sin quererlo, tomaron parte de una cultura de andar lento y sin urgencias, viajar con la fresca, detenerse al mediodía para hacer un asadito, parar en los boliches para conversar y tomar una ginebra, dormir bajo las estrellas, hacer gauchadas (como tomar un encargo, auxiliar a viajeros con problemas o llevar un pasajero), y “peludear” con barriales, zanjones y guadales.
Con el estallido de la 2ª Guerra Mundial en 1939 y el involucramiento en ella de EE. UU., se interrumpió la importación de automotores y el abastecimiento de neumáticos se vio restringido y encarecido, situación que demoró el proceso de automotorización del transporte, y otorgó a las tropas de carros una sobrevida que duró hasta 1946.
Hasta entonces la generalidad de los camiones fue de seis ruedas simples, con dos ejes traseros y chasis largo, que les permitían transitar por las angostas huellas de carros, fuera de las rutas principales. Después de la guerra ingresaron nuevos modelos, con ruedas duales en el único eje trasero y con chasis más corto.
En esos camiones de campo el motor naftero reinó hasta fines de los 50′, por ser sencillo y confiable, y por el bajo precio de la nafta.
Fragmento del libro “Trelew y su hinterland 1889-1999”, de Horacio Ibarra y Carlos Hernández

