lunes, 8 de junio de 2026

Nacido tras un incendio forestal que afectó los bosques cercanos a Villa Futalaufquen, el Vivero Niños del Lago se transformó en una experiencia educativa y ambiental reconocida en todo el país. Durante dos décadas, se produjeron miles de árboles nativos, contribuyendo a la restauración del bosque andino patagónico y formando generaciones comprometidas con el cuidado del ambiente.

En el corazón del Parque Nacional Los Alerces, rodeada por algunos de los paisajes más emblemáticos de la Patagonia, la Escuela N.º 25 “Delia Medici de Chayep” de Villa Futalaufquen alberga uno de los proyectos educativos y ambientales más reconocidos de Chubut. Se trata del Vivero Niños del Lago, una iniciativa que recientemente celebró 20 años de trabajo ininterrumpido formando generaciones comprometidas con el cuidado del bosque nativo y la restauración ambiental.

La historia del vivero comenzó en 2005, cuando un incendio forestal arrasó sectores del bosque cercanos a la escuela. El impacto de las llamas no solo dejó una profunda huella en la comunidad educativa, sino que también despertó una pregunta entre docentes, estudiantes y familias; ¿qué podían hacer para ayudar a recuperar aquello que el fuego había destruido?

De esa inquietud nació una propuesta que con el tiempo se transformaría en un modelo de educación ambiental para todo el país. El proyecto fue impulsado por el docente y técnico forestal Boris Sáez, junto a familias de la comunidad y trabajadores del parque, entre ellos el guardaparque Iván Hoermann. La meta inicial era modesta; producir unos 300 ejemplares de especies nativas para reforestar las áreas afectadas.

Día de plantación junto a alumnos de 4°, 5° y 6° grado. Siempre con el lema “El único árbol que no crece, es el que no se planta”.

En 2006 comenzaron las primeras siembras de especies características del bosque andino patagónico, como ciprés, maitén, coihue, lenga, ñire, notro, arrayán y laura. Un año después se construyó un pequeño invernáculo que permitió ampliar la producción y sentar las bases de lo que hoy es uno de los viveros escolares más importantes del país.

La primera plantación en el bosque se realizó en 2009. Desde entonces, el crecimiento fue constante. Con el paso de los años, el vivero llegó a producir más de 5.000 plantas nativas anuales y logró contribuir a la restauración de unas 25.000 especies en áreas afectadas por incendios y otros procesos de degradación ambiental.

Los 20 años del vivero se festejaron con un importante encuentro, que tuvo almuerzo, recreación y claro; plantación de árboles.

Pero el verdadero valor del proyecto va mucho más allá de los árboles plantados. Desde sus inicios, el vivero fue concebido como una herramienta pedagógica. Participan estudiantes de todos los niveles educativos de la escuela —desde sala de tres años hasta el secundario— junto a docentes, auxiliares y familias. Cada alumno atraviesa distintas etapas del proceso: recolección de semillas, preparación de sustratos, siembra, cuidados, trasplantes y plantaciones en el bosque.

Boris Sáez, considerado el principal impulsor y referente histórico del proyecto, suele resumir su filosofía en una frase que se volvió emblemática; “Un niño que planta en el bosque será un adulto que jamás provocará un incendio”. Para el educador, el objetivo nunca fue formar técnicos forestales, sino ciudadanos comprometidos con el ambiente y capaces de transmitir esos valores a futuras generaciones.

Con el tiempo, la iniciativa trascendió los límites de la escuela. Además de producir árboles nativos, el proyecto incorporó huertas, producción de plantines y acciones de educación ambiental destinadas a toda la comunidad de Villa Futalaufquen. Los conocimientos adquiridos por los estudiantes también llegan a sus hogares, fortaleciendo prácticas sustentables y promoviendo el cuidado de los recursos naturales.

El acto por los 20 años contó con presencia de autoridades y vecinos de la región.

El impacto social y ambiental del vivero ha sido ampliamente reconocido. En 2019 obtuvo el Premio Presidencial Escuelas Solidarias, uno de los máximos reconocimientos educativos del país. Además, diversas organizaciones nacionales e internacionales han destacado la experiencia como ejemplo de aprendizaje basado en el servicio y compromiso comunitario.

El reconocimiento también llegó desde el propio parque nacional. En 2022 se inauguró un sendero denominado “Vivero Niños del Lago”, homenajeando el recorrido que durante años realizaron estudiantes, docentes y familias para llevar árboles producidos por ellos mismos hacia las zonas afectadas por incendios.

Actualmente, el proyecto continúa funcionando dentro del predio de la Escuela N.º 25, ubicada en Villa Futalaufquen, y mantiene una estrecha articulación con la administración del Parque Nacional Los Alerces. Tras la jubilación de Boris Sáez, distintos docentes y equipos institucionales continuaron fortaleciendo una propuesta que ya forma parte de la identidad de la comunidad educativa.

Boris Sáez, docente y técnico forestal impulsor del proyecto del vivero en el año 2005.

De cara al futuro, los objetivos siguen vinculados a la restauración del bosque nativo, la producción orgánica de especies autóctonas, la educación ambiental y la formación de nuevas generaciones comprometidas con la conservación. También se proyecta continuar ampliando las tareas de reforestación y consolidar al vivero como un espacio de aprendizaje e investigación sobre los ecosistemas cordilleranos.

A veinte años de aquella emergencia que dio origen al proyecto, el Vivero Niños del Lago se convirtió en mucho más que un vivero escolar. Es una experiencia educativa reconocida a nivel nacional, una herramienta de restauración ambiental y una demostración concreta de cómo una pequeña comunidad puede generar cambios duraderos cuando la educación, el compromiso y el amor por la naturaleza trabajan en la misma dirección.

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