La crisis económica que golpea a Comodoro Rivadavia ya tiene un fuerte correlato en el mapa comercial de la ciudad. Desde la Cámara de Comercio local advirtieron que, de acuerdo con un relevamiento que realizan junto a la universidad, en el último semestre se habrían producido entre 250 y 300 cierres de comercios, una cifra que expone la gravedad del deterioro de la actividad.
Así lo señaló el presidente de la Cámara de Comercio, Alexis Tögel, quien explicó que el dato surge de un muestreo que todavía se encuentra en desarrollo, pero que ya permite trazar una proyección preocupante. “Lo que tenemos como conclusión es que hay alrededor de doscientos cincuenta y trescientos cierres en el último semestre”, sostuvo.
Tögel aclaró que, al mismo tiempo, también se registran nuevas aperturas, aunque advirtió que ese fenómeno no necesariamente implica una recuperación real. En muchos casos –dijo- se trata de comercios que cambian de rubro buscando sobrevivir o de emprendimientos impulsados por personas desvinculadas del sector petrolero que invierten sus indemnizaciones en actividades comerciales sin experiencia previa. Esa situación, remarcó, suele terminar en nuevos fracasos: “Esa persona o esa familia se queda sin la indemnización y sin ese comercio que había abierto”.
Desde la Cámara señalaron que la caída del consumo es una de las causas centrales de los cierres, pero no la única. Tögel enumeró además el avance de nuevas modalidades de venta que desplazan al comercio tradicional, como las ferias, la venta ambulante, los puestos instalados en veredas, escuelas, hoteles y otros espacios, junto con el crecimiento sostenido del comercio online a través de plataformas nacionales e internacionales.
Según explicó, esa competencia resulta casi imposible de igualar para el comerciante local por una cuestión de costos. “Se puede tener en muy poco tiempo algo que por costos es imposible que el comercio local compita”, resumió.
El dirigente también puso el foco en la presión tributaria y en la desigualdad que existe entre quienes están dentro del circuito formal y quienes venden por fuera de toda regulación. Si bien reconoció que la carga impositiva es alta, sostuvo que el problema se agrava porque muchos de los que compiten con el comercio establecido no afrontan ninguno de esos costos.
En ese marco, aseguró que numerosos locales no desaparecen del todo, sino que dejan de atender al público y continúan vendiendo de manera informal a través de otras plataformas. “Cierran las puertas al público en la calle, pero después siguen vendiendo el mismo rubro, los mismos productos, pero de manera informal”, advirtió. Esa dinámica, agregó, perjudica doblemente al sistema: castiga al comerciante que sigue en regla y al mismo tiempo reduce la recaudación.
Uno de los rubros más afectados por este proceso es el de la indumentaria. De acuerdo al relevamiento mencionado por Tögel, cerca del 20 por ciento de los cierres relevados corresponde a comercios de ropa, calzado y artículos vinculados. Si bien indicó que ese peso también puede estar relacionado con la gran cantidad de locales de ese tipo existentes en la ciudad, reconoció que se trata de un sector especialmente golpeado.
A la hora de explicar por qué el deterioro alcanza incluso a rubros menos expuestos al ecommerce, Tögel sostuvo que en Comodoro tiene una fuerte incidencia el circuito de ferias informales. Y describió además un cambio en el comportamiento de los consumidores: familias que antes recorrían comercios y compraban en el momento, hoy miran, consultan precios, se prueban productos y después concretan la compra por internet.
Frente a este panorama, la Cámara de Comercio participa de las discusiones por una posible ley provincial de emergencia comercial, a la que luego debería adherir el municipio. Según explicó Tögel, la iniciativa apuntaría a ofrecer herramientas paliativas como refinanciación de impuestos y servicios, planes de pago y eventuales reducciones impositivas. Sin embargo, fue cauto respecto de su alcance y remarcó que todavía resta definir con precisión los beneficios concretos.
También advirtió que ese tipo de medidas pueden servir solamente como alivio transitorio si la actividad se recupera en un plazo razonable. Caso contrario, podrían incluso empeorar la situación de quienes se endeuden para sostener sus negocios y luego no logren reactivar las ventas.
En paralelo, desde la entidad buscan impulsar otras herramientas para ayudar al sector, como capacitación en inteligencia artificial, reducción de costos operativos, mejoras en los canales de venta y estrategias para competir con otros diferenciales que no pasen exclusivamente por el precio. De todos modos, Tögel reconoció que hoy el margen de maniobra es acotado.
Consultado sobre la relación con el municipio de Comodoro, afirmó que existe diálogo y voluntad de buscar alternativas, pero aclaró que no perciben una baja concreta de la presión tributaria local. “No notamos una reducción”, respondió de manera tajante. Incluso mencionó que hubo reclamos y exigencias hacia comerciantes que, a su criterio, no se corresponden con la gravedad del contexto.
En ese sentido, insistió en que la prioridad debería ser sostener abiertos los comercios formales, sin desconocer sus obligaciones en materia de seguridad, empleo y habilitación, pero entendiendo que la ciudad atraviesa una coyuntura excepcional.
El diagnóstico de la Cámara de Comercio deja así una señal de alarma sobre la situación de Comodoro Rivadavia: menos consumo, más competencia informal, presión impositiva sostenida y un tejido comercial que se achica a gran velocidad, en una ciudad que además sigue sintiendo el impacto de la crisis petrolera.

