El último zar económico de una China con muchas turbulencias

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Liu He, viceprimer ministro de Chin

Del ejército a una fábrica de coches. De la fábrica a Harvard para cursar un máster. De Harvard a Pekín para trabajar en la comisión de planificación que fijaba los precios de todo, desde los pañales de la farmacia hasta el pollo del supermercado. De la comisión de planificación a ser el fontanero de las reformas económicas. Después llegó el ascenso como una especie de Pepito Grillo de las finanzas del presidente Xi Jinping, para acabar moviendo los hilos de una economía en constante desarrollo.

Liu He se ha ganado la jubilación. Sobre todo, después de un último lustro donde se ha encargado de supervisar personalmente la reforma de las empresas estatales, el sector financiero y la política industrial, tecnología y de innovación. Ha dado oxígeno a los gigantes tecnológicos de China después de una larga cruzada reguladora sin cuartel. También ha liderado las relaciones económicas con la Unión Europea y las negociaciones con Estados Unidos durante la guerra comercial.

Los que manejan en Pekín las quinielas del próximo baile de altos cargos del Gobierno dicen que el viceprimer ministro chino, a sus 70 años, dejará paso a estadistas más jóvenes que ayuden a levantar una economía lanzada sin frenos hacia una desaceleración crónica del crecimiento.

Liu está sujeto a la norma de jubilación no escrita de que pasando los 68 años hay que retirarse de los puestos clave en la política china. Pero también hay una corriente que aboga por que Xi Jinping quizá haga algunos arreglos para extender las funciones de uno de sus principales asesores y hombres de confianza, sobre todo ahora que sobrevuelan demasiadas crisis a la vez.

En la prensa china hace tiempo que se refieren a Liu He como el zar económico del gigante asiático. Miembro del poderoso Politburó, comparte patrones de vida con otras figuras de la política china, entre ellos el presidente Xi: hijos de antiguos altos funcionarios de Pekín que pasaron la adolescencia trabajando en el campo o en fábricas -o ambas cosas combinadas con servicios en el ejército- bajo las purgas a señoritos de grandes ciudades ejecutadas durante la Revolución Cultural de Mao Zedong en la década de 1960.

Durante el primer mandato de cinco años de Xi, ya se comentaba que su asesor Liu, con una gran formación en economía y administración pública en Estados Unidos, primero en Nueva Jersey y luego Harvard, tenía una gran influencia en las políticas económicas. Primero con un perfil discreto, desde su puesto como viceministro en el Ministerio de Planificación. Después, con la segunda legislatura de Xi, a Liu se le concedió la varita para liderar un cambio de política centrada en un crecimiento basado en un consumo más lento, pero más sostenible, en lugar de la expansión desenfrenada y rebosante de deudas de las últimas décadas.

Su nombramiento como viceprimer ministro, en 2018, coincidió además con el comienzo de la guerra comercial con Estados Unidos. Liu fue asignado para dirigir las negociaciones con la entonces administración de Donald Trump, de quien llegó a conseguir una firma para el famoso acuerdo comercial de fase 1 que, ahora, según dijo el actual gobierno de Biden, China no está cumpliendo. Pero Liu, dentro de casa, ha tenido que lidiar con tormentas más importantes estos últimos meses que las peleas por teléfono que ha mantenido por la guerra comercial con su homóloga estadounidense, Katherine Tai.

El próximo 16 de octubre comienza el trascendental congreso del Partido Comunista Chino (PCCh). Celebrado cada cinco años, es el cónclave donde los líderes chinos fijan el rumbo de la política interna y externa. Está prevista una reorganización de altos cargos en medio de la desaceleración del crecimiento arrastrada por la eterna política de Covid cero, que no deja de provocar cortes en las cadenas de suministros. Además, el desempleo juvenil está en niveles récord y continúa el derrumbe del mercado inmobiliario, con cada vez más desarrolladores quebrando después de que los bancos estatales les cortaran el grifo de créditos fáciles.

La semana pasada, el banco de inversiones japonés Nomura recortó su pronóstico del PIB al 2,7%, muy por debajo del objetivo de crecimiento del 5,5% que estableció Pekín en marzo. Las previsiones no dejan de bajar después de que, en el segundo trimestre del año, el crecimiento económico fuera de solo un 0,4 %.

Bloomberg contaba hace unos días que Liu He, bajo la supervisión del primer ministro Li Keqiang, ha liderado la implementación de algunos estímulos para impulsar la financiación de infraestructura, aliviar la escasez de liquidez para los desarrolladores inmobiliarios y reducir los costos de endeudamiento para las empresas y compradores de viviendas. Pero el congreso del PCCh está muy cerca y, por primera vez, el viceprimer ministro no acudirá con la habitual carta de presentación en la que enseñaba las apoteósicas cifras con las que Pekín luego se regodeaba delante de otras potencias mundiales.

 

 

 



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