Lecturas para el fin de semana: «Chaco – Los escarmientos de Victorica»

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En 1884 el propio Ministro Victorica encabeza una ofensiva en el Chaco que si bien  no somete absolutamente a las comunidades libres, les inflige daños que serían irreparables, como el desbaratamiento de los principales grupos, la muerte de los máximos caciques y la presión de infinidad de guerreros.

Victorica despliega una fuerza poderosa, integrada por tres regimientos de caballería, dos de infantería y tres buques de la Marina de Guerra, teniendo por objetivo penetrar el Chaco en todas direcciones, ocuparlo y “pacificarlo”.

Los Tobas sostienen varios combates decisivos contra el regimiento Doce de Caballería al mando del Coronel Uriburu: en octubre sobre el río Bermejo, las tolderías de Mesochi, Danchi, Tenaki, Yrasoik y Petaiki sufren la pérdida de quince hombres. Poco después en campo del cielo mueren cinco hombres del cacique Daniel. Por esos días fue alcanzado Juanelrai (alias el ingles), que murió finalmente junto a muchos de sus guerreros; se inició entonces en el Chaco el siclo del fin de los grandes cacicazgos.

El 21 de octubre el Cacique Tesogní ve desbandada su toldería ante un ataque de Uriburu y no puede evitar en la huida la perdida de siete indios en un combate librado el día 29.

En la confluencia del Río Bermejo con el Teuco, son sorprendidas en noviembre otras dos tolderías, en la refriega mueren 17 indígenas. Mientras se libraban todos estos combates, una parte importante de las comunidades se “presentan” con los caciques a la cabeza (la presentación es un eufemismo conque los partes de la época denominaban las rendiciones) ante el regimiento 10 de Caballería a cuyo frente está el Teniente Coronel RudecindoIbazeta. Más de cinco mil indígenas son combatidos sin combatir.

Otros menesteres no tan pacífico cumplimentaría el Regimiento 7 de Infantería y el 6 de Caballería de línea, ambos al mando del Gobernador de Chaco, Coronel Ignacio Fotheringham. Después de un violento combate, en el mes de octubre fue apresado el gran Cacique Yaloshi, según relata Fotheringham en ‘La Vida de un Soldado’: “llevaba dos remington y no quería soltarlos: se metió en un estero pantanoso y escondido entre los juncos y pajonales en vano esperó hacerse invisible. Lo descubrió un Cabo (José Díaz), tan hijo de la naturaleza como él.

Le sacudió un balazo y abrazándolo como para estrangularlo acudieron dos soldados más y fue traído preso y maniatado. Duro el indio.

A pesar del feroz balazo le relampagueaban los ojos de energía, ira e indomable furor.

Se formó un Consejo de Guerra, el Cacique Yaloshi (que era el prisionero) era el mismo que a traición, quiso matar al Comandante Fontana en una expedición anterior hiriéndolo de gravedad, pero felizmente se salvó.

Llegó el día de arreglar cuentas. Fue sentenciado a muerte. Aprobada la sentencia, se llevó a cabo, al pie de un corpulento quebracho. Ahí nomas lo dejamos para escarmiento”.

Envalentonado, Fotheringham no descansa. Su próximo objetivo es Camba, máximo Cacique de los Tobas, que se dice que al pasar junto a los restos de Yaloshi juró vengarse.

Por intermedio de indios leales, Fotheringham le envía un mensaje instándolo a someterse pero al mismo tiempo amenazándolo: “si obedece mejorará él y su tribu; si no escucha el buen consejo, morirá como Yaloshi, fusilado y ahorcado”.

En el combate del 7 de diciembre de 1884, entre los muchos muertos que sufren los Tobas, se encuentra Camba, quien fue reiteradamente acuchillado y finalmente degollado, con su cabeza expuesta para que sus guerreros escarmentaran.

Los partes militares aclaran que “ya tantas veces le habían dado por muerto al terrible indio, y tantas veces había resucitado, que esta vez, por lo menos, quedaría constatado, sin duda, su finis”.

La vesania de que es objeto el cuerpo examine de Camba produjo un gran terror entre sus hombres quienes no olvidaron por años el fin de su jefe, en medio de una dispersión total y definitiva.

Las acciones militares fueron completadas por la construcción de caminos que conectaban las distintas zonas de la subregión (como el que comunicaba Puerto Bermejo con Rivadavia en Salta) y el reconocimiento profundo por primera vez, del Río Bermejo llevado a cabo por la marina de guerra.

A fines de 1884 la expedición Victorica daba por cumplidas las operaciones.

 

Párrafos extraídos del libro “Nuestros Paisanos los Indios”, de Carlos Martínez Sarasola



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